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El Partido Comunista de China sopla cien velas

Por las calles de Zunyi, entre puestos con llaveros, figurillas y camisetas con el inconfundible rostro del Gran Timonel Zedong estampado, una banda de jubilados ataviados con el uniforme azul claro que usaban los soldados del primer ejército comunista chino llama la atención de los viandantes. Tocados con gorras con una estrella roja, el grupo entona marchas populares de la era revolucionaria. Algunos curiosos les sacan fotos; otros espontáneos unen sus voces al coro, y todos les aplauden antes de seguir con su visita por la localidad, famosa porque de allí salió Mao en 1935 erigido en líder indiscutible del Partido Comunista de China (PCCh).

Sita en una zona montañosa de la provincia de Guizhou, Zunyi es una de las joyas del llamado turismo rojo , una ruta que peregrina por los parajes históricos relacionados con Mao, la Larga Marcha de sus tropas o la guerra contra los nacionalistas.

Con la pandemia bajo control y la economía en crecimiento, el foco del evento estará puesto en los logros del pasado

Este tipo de turismo, donde los límites entre historia, propaganda y nacionalismo se difuminan, no es algo nuevo. Pero este año, el sector vive jornadas de gloria gracias al centenario de la fundación del PCCh –que se celebra el próximo 1 de julio– y a los llamamientos de las autoridades a estudiar a fondo sus atribulados antecedentes. Sea por verdadero interés, limitaciones víricas o mera conveniencia, la población ha respondido en masa: según el portal Ctrip, las principales atracciones rojas recibieron en mayo un 375% de visitantes más que en el mismo periodo del 2019.

Ese empuje del turismo rojo es una más de las múltiples actividades con las que el liderazgo calienta motores para ocasión tan señalada. Durante los últimos meses, cines y cadenas de televisión proyectan sin cesar filmes de marcado corte patriótico. Los medios se prodigan en loar las hazañas del país bajo la batuta del partido, protagonista también de exposiciones, juegos de mesa, arreglos florales, concursos y hasta una canción de rap en la que participan, cómo no, cien artistas. Las calles del país lucen decoradas con carteles con un “100” blasonado en rojo y el emblema de la hoz y el martillo, u otros en los que se llama a “escuchar, apreciar y seguir” a las autoridades.

Aunque últimamente le aprietan las tuercas desde fuera (recuérdese su protagonismo en las recientes cumbres del G-7 y de la OTAN, por ejemplo), la cita no llega en mal momento para Pekín, con la pandemia bajo control y la economía por la senda del cre­cimiento.

El Partido Comunista de China sopla cien velas

Sin desatender el futuro, el foco del evento estará puesto en los logros del pasado, haciendo brillar sus luces (desarrollo económico y tecnológico, programa espacial, erradicación de la pobreza extrema) y pasando de puntillas por las sombras (Gran Salto Adelante, Revolución Cultural o masacre de Tiananmen). También servirá para reforzar el mensaje de que sólo el PCCh, con el todopoderoso Xi Jinping al frente, puede gobernar el país con éxito, garantizar la estabilidad y tratar de tú a tú a Estados Unidos.

Si se hace caso a la propaganda estatal, la nación entera aguarda expectante la cita y van todos a una con el partido. Pero si uno se aleja de la narrativa oficial, la imagen se desenfoca y afloran los matices. “Gracias a su liderazgo fuerte, hemos logrado un gran desarrollo económico y somos una gran potencia”, contó a este diario la treintañera Marisa Ding, empleada de banca en el extranjero. “Hay cosas que no me gustan, como la censura, y existen grandes problemas, como la falta de oportunidades laborales para los jóvenes de mi provincia (Jilin). Pero no creo que la solución sea cambiar nuestro sistema por uno democrático, sino mejorar el que tenemos”, añadió.

El chino medio sigue pensando que las generaciones futuras vivirán mejor

De acuerdo con los analistas consultados, son varios los factores que explican la longevidad del partido. Por un lado, pese a la percepción que se tiene en Occidente, está su flexibilidad y capacidad de adaptación a los cambios y las particularidades locales, ya sea enfatizando el papel del campesinado como grupo clave en la transformación política en tiempos de Mao, abriendo su economía al extranjero en los años ochenta del sigloXX o erigiéndose en defensor de la globalización cuando Trump bramaba aquello de “América primero”.

También destacan su habilidad para garantizar el desarrollo socioeconómico de la población (el chino medio sigue pensando que las generaciones futuras vivirán mejor que las actuales), a la que además le han devuelto el orgullo de ver recuperada la grandeza perdida. Todo eso sin olvidar la represión y el control. “Es un régimen de partido único que siempre ha empleado fuertes elementos coercitivos. Esto explica en sí mismo su durabilidad, pero es una parte importante de ella”, desgrana Mario Estaban, investigador principal para Asia-Pacífico del Instituto Elcano.

Un reflejo de esa mano férrea es la censura, que estos días trabaja a destajo para que nadie “distorsione” la historia del partido o “difame” a sus héroes (hay hasta un teléfono para denunciar a los “nihilistas históricos”). Se han tomado medidas severas para que los descontentos de Hong Kong no ensombrezcan los fastos, tal y como hicieron con sus protestas del 2019 durante el 70.º aniversario de la fundación de la nación. Y también han prometido castigar con dureza a cualquier responsable de un accidente industrial de consideración que agüe la fiesta. “Creemos un ambiente seguro y estable para celebrar el centenario”, pidió la semana pasada el viceprimer ministro, Liu He.

La cita del próximo jueves marca un hito importante hacia el objetivo final: conseguir que en el año 2049, para el centenario de la fundación de la República Popular, se haya materializado el “rejuvenecimiento de la gran nación china”. Para lograr ese país fuerte y próspero con el que sueña Xi Jinping, la nación deberá hacer frente a grandes retos como el de la deuda, el envejecimiento, la corrupción, la desigualdad, el desarrollo de los semiconductores o la amenaza de caer en la trampa de las rentas medias.

Para los chinos no es el momento de implementar cambios que puedan ser interpretados como un síntoma de debilidad

Xulio RíosDirector del Observatorio de la Política China

“Pero por encima de todo, su mayor desafío es preservar la estabilidad, su bien más preciado”, analiza por teléfono Xulio Ríos, director del Observatorio de la Política China y autor de un reciente tratado sobre la historia del PCCh.

Por una parte, asegura Ríos, van a primar la defensa a ultranza de su seguridad y soberanía, una de las cuestiones fundamentales para el partido (en esa lógica se enmarcan sus actuaciones con respecto a Xinjiang, Hong Kong o Taiwán, por ejemplo). Por la otra, van a cerrar filas en torno al liderazgo frente a los ataques de Occidente, vistos desde Pekín como un intento de demonización con el que tratar de hacer derrapar su desarrollo.

“China está haciendo un esfuerzo ingente por trazar una vía de desarrollo propia ajustada a sus ritmos y particularidades”, cuenta el experto. “Para los chinos no es el momento de implementar cambios que puedan ser interpretados como un síntoma de debilidad –en derechos humanos o libertad de prensa, por ejemplo–, sino de blindarse, mostrar lealtad y aplaudir las políticas centrales”.

Mientras tanto, en la capital no cesan los preparativos. La plaza de Tiananmen, epicentro político y simbólico del país, permanece cerrada a cal y canto desde hace unos días para ultimar los detalles al abrigo de miradas indiscretas. Para el día señalado no hay programado ningún desfile militar. Sí que tomará la palabra Xi Jinping, que ofrecerá un esperado discurso y condecorará con las medallas Primero de Julio a otros militantes con una trayectoria destacada.

Dicho escenario le brindará a Xi una nueva oportunidad para proyectar fortaleza ante el mundo entero. Tras haber acabado con gran parte de las aportaciones de Deng Xiaoping para evitar los desmanes del maoísmo –liderazgo colectivo, límite de dos presidencias, erradicación del culto a la personalidad–, pocos dudan de que el próximo año optará a un tercer mandato consecutivo. Para después, todo son dudas. “No sabemos si Xi querrá seguir más tiempo al frente o si ya tiene pensado un sucesor. Esa incertidumbre podría ser fuente de inestabilidad y problemas”, apunta Ríos.

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