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Peón de Dama La batalla francesa de la distribución

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Ginette Moulin, Gérard Mulliez y Bernard Arnault.

Ginette Moulin, de 94 años de edad, Gérard Mulliez, de 90 años, y Bernard Arnault, de 72 años, son los patriarcas de tres de las familias más emblemáticas de Francia. Estas tres sagas han jugado un papel muy relevante tanto en las negociaciones como en la posterior ruptura de la fusión entre Carrefour y Auchan.

Los Moulin son los principales accionistas de Carrefour, además de dueños de las famosas Galerías Lafayette, la familia Mulliez controla un gran grupo empresarial que incluye Auchan (Alcampo), Leroy Merlin, Decathlon, Kiabi, Norauto, Flunch y Boulanger. Y Bernard Arnault es la tercera persona más rica del mundo -tras Jeff Bezos y Elon Musk- a través de su hólding de lujo LVMH (Louis Vuitton Moët Hennessy). Bernard Arnault era accionista de referencia de Carrefour desde 2007, pero en agosto de este año tiró la toalla y vendió toda su participación (6%) asumiendo unas pérdidas del 60%.

Y es que la evolución bursátil de Carrefour ha sido bastante negativa en los últimos años, fruto de un modelo de negocio -el del hipermercado- que presenta claros síntomas de agotamiento. Carrefour y Auchan han sido empresas de éxito gracias al boom del hipermercado, pero ahora sufren la tormenta perfecta. El consumidor ya no está dispuesto a recorrer varios kilómetros en coche para pasar la tarde del sábado empujando un carrito por pasillos interminables. Ahora prefiere los supermercados de proximidad como Mercadona, BM o Ahorramás, y si busca precios muy baratos tiene la opción de Lidl y Aldi. Además, el mercado se ve zarandeado por el crecimiento de la venta online y la irrupción del gigante Amazon.

Carrefour y Auchan necesitan dar un giro radical a su modelo de negocio y de hecho ya han empezado a hacerlo. Carrefour ha frenado sus planes para crecer en hipermercados y en paralelo está abriendo cientos de supermercados y tiendas de conveniencia. Alcampo, por su parte, acaba de anunciar que abrirá en el centro de las ciudades 300 puntos de recogida de pedidos online, que contarán también con un pequeño establecimiento.

Peón de Dama La batalla francesa de la distribución

Es en este proceso de obligada reconversión en el que se enmarcan los movimientos corporativos que viven en los últimos meses los dos gigantes franceses de la distribución.Primero se produjo en 2017 un intento de fusión entre Carrefour y Casino -otro de los grandes grupos galos del comercio, pero más centrado en el supermercado-, que provocó el distanciamiento entre las familias Moulin y Arnault, que eran los accionistas de referencia de Carrefour. Los Moulin se opusieron a la compra de Casino, mientras que Bernard Arnault veía en esta operación corporativa una forma de que Carrefour ganase tamaño y optimizar así su inversión.

Ya en enero de este año, el dueño de LVMHtambién defendió la propuesta amistosa realizada por la empresa canadiense Couche-Tard para comprar Carrefour. En esta ocasión el veto vino del Gobierno francés, que, haciendo gala de su trasnochado chauvinismo, dijo que "no cederemos a grupos extranjeros uno de los grandes distribuidores franceses". Su argumento fue defender la protección de "la soberanía alimentaria" de Francia.

Ante la falta de opciones de futuro para Carrefour, Bernard Arnault decidió salir de la compañía, aunque fuera con pérdidas, y destinar los 700 millones de su inversión a comprar empresas del mundo del lujo, que le aportan más rentabilidad y menos disgustos.

Tras la salida de Arnault del accionariado de Carrefour es cuando comienzan los contactos con Auchan para una posible integración de ambos grupos. Aunque una operación de este tipo podría tener problemas de competencia en Francia, también serviría para optimizar sus estructuras en determinados países como España, Rumanía y Polonia.

Auchan, a través de la marca Alcampo, tiene una menor presencia en el mercado español y podría traspasar sus establecimientos a Carrefour, que de esta forma consolidaría su posición. Este canje tendría un sentido opuesto en Rumanía y Polonia, donde Auchan podría reforzarse con los activos que posee Carrefour en estos países.

Pero para un acuerdo así tendrían que ponerse de acuerdo dos clanes familiares rivales: los Moulin de Carrefour y los Mulliez de Auchan. Ambas empresas son, además, muy diferentes. Carrefour cotiza en Bolsa, mientras que Auchan es una compañía familiar no cotizada y que, además, alardea de ello y no quiere romper su particular modo de gestión. El fundador de Auchan, Gérard Mulliez, acaba de afirmar de forma rotunda que "nunca venderemos la empresa", pero a sus 90 años ya no es el encargado de tomar las decisiones aunque su voz se tenga en cuenta por la autoridad moral que tiene. La familia Mulliez es consciente de la débil posición competitiva de Auchan frente a sus rivales y sabe que el futuro de la compañía pasa por algún tipo de alianza.

Las negociaciones para el acuerdo han saltado por los aires a causa de las grandes diferencias de valoración que los Moulin (Carrefour) y los Mulliez (Auchan) tienen de sus respectivos grupos de cara a la fusión, dado que en el pacto se contemplaba un intercambio accionarial. La familia Moulin, con la también nonagenaria Ginette Moulin a la cabeza, calificó de irrisorio el valor de 16.800 millones de euros que los Mulliez daban a Carrefour.

La fusión hubiera creado el número uno de la distribución en Francia con una cuota del 29% y superando al actual líder Leclerc. En España se distanciarían de Dia y Lidl y serían el segundo grupo, con más del 12% de cuota, por detrás del 24% de Mercadona.

Cada vez es más urgente que las familias Moulin y Mulliez acepten ceder parte del control y dar entrada a socios en Carrefour y Auchan porque se juegan el futuro de dos de los grandes grupos de distribución de Europa.

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