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La corrupción se adueña de las tiendas en Cuba

El responsable niega la denuncia. Una joven muestra en su celular las fotos de la dependienta entregando los productos. “Mírala con el bolso en la mano. Aquí se ve el intercambio”, enfatiza la muchacha.

Las contundentes pruebas son rechazadas por el anticolero: “está prohibido tomar fotos”, solo atina a decir. Su respuesta contradice la autorización de la ministra de Comercio Interior, Betsy Díaz Velázquez, quien pondera las imágenes con el fin de denunciar alguna conducta negativa o alteración de los precios de los productos.

“Pero tengo que tirar fotos para probar las ilegalidades, de lo contrario no nos creen. Es la única manera de demostrarlo”, riposta la joven.

El anticolero queda sin argumentos. Algo nervioso, llama a un colega y entre los dos comienzan a dispersar a las indignadas personas que les reclaman. “No pueden estar aglomerados. Hay muchos contagios de la COVID-19 y voy a llamar a la policía para que los multe”, los amenaza.

Sin embargo, el intento por restablecer el orden surte el efecto contrario y el ambiente se vuelve a caldear. Por doquier se escuchan los reclamos de un grupo enardecido: “ustedes son cómplices de lo mal hecho”, “están desorganizando la cola”.

¿Quiénes son los anticoleros?

Los grupos para la prevención y enfrentamiento a coleros, revendedores y acaparadores (anticoleros) se crearon en todo el país con el objetivo de “organizar las colas y eliminar las listas y turnos otorgados por algunas personas durante varios días; pues la compra se realizará por orden de llegada y personalmente”, dijo Juan Miguel Morán, coordinador de los programas y objetivos de la defensa, en el Gobierno Provincial durante el abanderamiento de estos grupos en Holguín el 1 de agosto de 2020.

Según informa el periódico oficialista, integran los equipos “dirigentes, funcionarios, miembros de la Policía Nacional Revolucionaria, de las Fuerzas Armadas Revolucionarias y de organizaciones de masas, que se ubicarán en las más de 120 unidades comerciales y mercados de los 14 municipios”.

Sin embargo, en los comentarios de la nota publicada en la versión digital del periódico local Ahora varios lectores alertaron del fracaso de la idea.

“No culpen solo a los coleros y a los revendedores. La corrupción comienza por los almacenes, las tiendas y los mercados de ventas. Son los almaceneros, dependientes, porteros y trabajadores de las tiendas los primeros que avisan, marcan, hasta guardan y esconden los productos y mercancías para esos llamados ‘coleros’ y ‘revendedores’. A cambio reciben una buena comisión, dejando la menor posibilidad de comprar al resto de la población. Por favor, empiecen por donde deben empezar”, escribió Yanelis Ricardo García.

Una forista identificada como Rosy denunció que los primeros delincuentes son “los directivos de esas organizaciones, que por trasmano esconden la mercancía para sus amistades o para ellos mismos, y no venden la cantidad real que llega a las tiendas”. Ejemplificó con lo sucedido en el establecimiento de una estación de gasolina situado en el poblado holguinero Guardalavaca, “donde llegaron 25 cajas de pollo y solamente se le vendieron a la población ocho cajas, desde las 2:45 p.m. hasta las 3:15 p.m.”. Reveló que fue falsificado el comprobante donde se leía que la venta había comenzado a las 12 del mediodía.

La corrupción se adueña de las tiendas en Cuba

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Por su parte, Francisco relató lo sucedido en Ciego de Ávila, donde las organizadoras de colas sacan productos en coordinación con las dependientas de los puntos de venta. “Hasta las mujeres policías que venían a organizar salían con mochilas llenas de paquetes de pollo, detergente y jabones. Un día, un carro patrullero cargó una caja de litros de aceite”, denunció.

“Ahora deben crear otro grupo que controle que este grupo no se corrompa”, ironizó otro lector.

Un forista de apellido Cuenca mostró temor de que suceda “como con los Trabajadores Sociales, que se pusieron para enfrentar las ilegalidades y se hicieron dueños del negocio de los pasajes y de la venta de aire acondicionados y otros equipos”.

La nueva versión de los Trabajadores Sociales en Cuba fue uno de los fracasos del fallecido dictador Fidel Castro, desde su puesta en marcha en septiembre del año 2000.

Creados “para evitar el robo de combustible, terminaron corrompiéndose y haciendo negocios, no solo con la gasolina, sino también con los cacharros de cocina y los refrigeradores chinos de la pomposamente llamada Revolución Energética”.

“Ustedes colaron a todo el que quisieron”

Una mujer con lágrimas en los ojos se encoleriza: “Nosotros estamos aquí desde las cinco de la mañana para comprar confituras a nuestros hijos. No queremos comprar cigarros, ron o perfume, que es un lujo, queremos confituras para los niños”.

Resalta que, a la vista de todos, “los trabajadores de la tienda se ponen en combinación con acaparadores y revendedores. Los que estamos en la cola tenemos niños chiquitos a los que les gustan las confituras. Ustedes colaron a todo el que quisieron”.

La escasez crónica de productos de primera necesidad, agudizada por el mal manejo de la pandemia, ha incrementado un mercado de venta ilegal callejera abastecido por la malversación y el acaparamiento de las ofertas de las tiendas MLC, una forma de venta con tarjetas magnéticas asociadas a cuentas bancarias establecida en más de 70 establecimientos estatales abiertos en toda Cuba, y las únicas con mercancía a la venta.

“Los culpables son los mismos que organizan la cola. Tienen un convenio con los revendedores. Se lo dije en su cara y no me desmintió. Cuando me vio vestida con el uniforme, y para defenderse de mi acusación, me dijo que yo estaba fugada del trabajo. Decidí no contestarle porque me estaba provocando para que yo reaccionara y entonces llamar a la policía para que me llevara detenida. Lo que hizo fue desviar la atención de la ilegalidad que estaba cometiendo”, dijo una señora a CubaNet.

Otra estrategia para favorecer a los revendedores

Según Felipe Rosales, demorar la venta bajo cualquier pretexto es una de las artimañas para beneficiar a los acaparadores.

“Llegamos a las seis de la mañana y la tienda abrió a las 8:30 de la mañana. La mercancía estaba en los estantes de la tienda. Nos dijeron que no la vendían porque estaban esperando los códigos de los productos para hacer el trámite en la caja. Pero en realidad estaban dando tiempo a que llegaran los compinches de los que reciben dinero por avisarles y por guardarles la mercancía”, dice Rosales.

La venta comenzó a las 2:30 de la tarde. “A esa hora empezamos a notar que había gente sin hacer la cola que estaba pasando a la tienda. Cuando reclamamos nos dijeron que eran clientes que iban a subir al segundo piso. Cosa que no es cierta porque a través de los cristales se veían que estaban comprando en grandes cantidades en el primer piso donde estaba la mercancía. Yo estoy aquí desde las cinco de la madrugada y fui el número 56. Estuve más de 12 horas e hice la cola por gusto, sin esperanzas de comprar mañana.

“Como una aparente medida de control recogieron 34 carnets de identidad y diez carnets de impedidos físicos. Hasta la hora del cierre pasaron 44 personas. Nos quedamos un grupito de personas que teníamos los números marcado en el antebrazo, nos recogieron los carnets y no pudimos comprar porque ya era hora de cerrar la tienda.

“Ellos reciben esa mercancía por un vale que ampara la cantidad. Es imposible que 44 personas hayan comprado todos los productos. Pero si la tienda sabe que la demanda supera la oferta es justo que nos informen para no seguir haciendo la cola. Yo vivo aquí al doblar y antes de mí ya compraron 20 personas que viven en lugares distantes, ¿de qué manera enteraron?”, cuestiona Rosales.

“El almacenero, el gerente y las dependientas saben con tiempo de antelación el día y la cantidad de productos que van a vender en la tienda. Esto se lo informan a sus contactos (revendedores y acaparadores) para que dominen la cola con anticipación. Y después se distribuyen la ganancia”, afirma.

La tienda ha cerrado y el bullicio obliga a un directivo a salir. En un intento por calmar los ánimos dice: “Aquí queda mercancía para los que no pudieron comprar hoy. Los que ya compraron mañana no podrán”. La explicación es interpretada como un apagafuegos que nadie cree, sobre todo cuando se sabe de antemano que la tienda no dispone de tecnología para identificar las personas que ya compraron.

“Lo que quieren es detener la venta para después sacar los productos cuando no haya testigos”, dice un señor.

En estas tiendas también es común esconder la mercancía y después informar que se agotó. Cuando los clientes se van sacan la mercancía y se la venden a los acaparadores a cambio de un por ciento de la ganancia.

“Es una mafia. Si quieren ver corrupción y tráfico de mercancía vengan aquí y miren cómo funcionan las tiendas MLC”, comenta a otra persona el señor que, después de varias horas en cola, regresa a su casa con las manos vacías.

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