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Cuando la Calzada Zaragoza era zona de balnearios

Texto y fotografía actual: Carlos Villasana y Ruth GómezDiseño web: Miguel Ángel Garnica

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En el marco del periodo vacacional de Semana Santa, mientras los capitalinos comienzan a abandonar la Ciudad de México rumbo a las playas o a cualquier lugar sin riesgo contingencia ambiental, recordamos una antigua opción que casi ha desaparecido para los chilangos: los balnearios de la Calzada Zaragoza.

Al pensar en la Calzada Ignacio Zaragoza lo primero que nos viene a la cabeza es su cercanía con el Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México y con la salida hacia el Estado de México o Puebla.

Zaragoza, como es llamada popularmente, se ha convertido en una de las principales arterias al oriente de la capital por lo que no es extraño verla rodeada de casas, edificios, comercio formal e informal y diversas rutas de transporte público.

El pasado de la calzada Zaragoza

Pero no siempre fue así, en las décadas de los sesenta y setenta, la Calzada lucía medianamente poblada y con un paisaje sorpresivamente verde; motivo por el cual se aprovecharon algunos predios para construir balnearios en los que los capitalinos podrían pasar su fin de semana o algún día festivo.

Vista aérea de la Calzada Ignacio Zaragoza en 1962, cerca de las colonias Puebla y Aviación Civil. Crédito: DDF.

Una excursión dentro de la misma ciudad

A unos metros del paradero del Metro Zaragoza, existe una unidad habitacional inmensa llamada “Bahía”, nombrada así ya que en el predio en el que fue construída había un balneario muy famoso de 40,000 metros cuadrados de extensión.

El Deportivo Bahía, estaba a un costado de la Calzada Ignacio Zaragoza y quiénes lo visitaron recuerdan su viaje hacia esa zona de la ciudad como una “excursión”, ya que no había rutas que conectaran de manera rápida al sur o norte con el oriente.

Dentro de sus intalaciones había una vegetación de dos mil árboles que adornaban las atracciones que ofrecían: tres albercas templadas a 27º C, canchas de basketball, volleyball, frontenis, frontón, spiro ball, pesas o mesas de ping pong.

Anuncio publicitario del Deportivo Bahía, 1973.

El edificio a lado de su alberca principal, estaba adornado por el mural “Canto al océano" del escultor Manuel Felguérez, quién lo hizo especialmente para el balneario. En la parte inferior se encontraban los casilleros y regaderas para que los usuarios pudieran dejar sus pertenencias y darse el tradicional “regaderazo” antes de nadar.

Cuando la Calzada Zaragoza era zona de balnearios

Don Jesús Navarro, vecino de la zona desde hace más de 50 años, platica a EL UNIVERSAL que cuando él era niño iba con frecuencia al balneario ya que quedaba a dos cuadras de su casa: “por una zanja se desviaba el agua de las albercas del Bahía y Las Américas, uno de chamaco no piensa y nos metíamos a dizque nadar”, comentó.

Nos explica que la entrada oficial estaba en las actuales oficinas de Telmex, sobre la Calzada, pero que él y sus amiguitos solían saltarse de un árbol pegado a la barda: “era divertido cuando los vigilantes no nos agarraban porque andábamos por ahí en las albercas todo el día, pero cuando nos cachaban nos aventaban con todo y ropa al agua, nos decían que nosotros habíamos querido entrar sin pagar”, dijo entre risas.

Según sus cálculos, hace veinte años los vecinos de la zona “perdieron el Bahía”. Don Mario, nombre del dueño del balnerio que Jesús recuerda, lo vendió tras una mala racha en el negocio. Hoy lo único que se conserva de dicho lugar es la alberca principal, de proporciones olímpicas, maltrecha y en desuso.

Vista actual de lo que alguna vez fue la alberca principal del Deportivo Bahía.

En su juventud, don Jesús empezó a trabajar en el Deportivo Las Américas, que se encontraba atrás del Bahía. Sus labores eran principalmente de limpieza, aunque su “compadre”, un amigo al que se refería con ese apodo, le enseñó a cómo manipular la calderas de las albercas.

Don Jesús nos explica que era muy importante tenerlas bien calibradas ya que si la temperatura de alguna de ellas subiese, podrían haberle causado quemaduras a alguien. Según él todo lo demás era rutinario y fácil de hacer, por lo que se limitaba a realizar las cosas bien, aprender a nadar y a disfrutar de la lucha libre los domingos, ya que el centro contaba con un ring al aire libre.

“Ahí llegué a ver a buenos luchadores famosones, se ponían buenas, qué lastima que nunca tomé ni una foto”, dice mientras observa las escasas imágenes que llevábamos sobre el balneario. En una de ellas, se dice que Las Américas contaba con "uno de los mejores equipos más grandes y mejor instalados de la América Latina destinado a purificar el agua de sus tres albercas y el chapoteadero para niños que se mantiene a una temperatura constante de 27°C, además de tener su propioMini-Metro”.

Anuncio publicitario del Deportivo Las Américas, 1973.

Los servicios que ofrecía el Deportivo Las Américas no distaban mucho de los que se podían encontrar en el Bahía,aunque sí contaba con más juegos infantiles como columpios, sube y baja, volantines, un laberinto, un avioncito, una estación de bomberos, cuerdas floja y tiros al arco. Así como el Bahía, este centro deportivo también desapareció.

Don Jesús Navarro, en la puerta de su casa en la Colonia Cuatro Árboles, a unos metros de la Unidad Habitacional Bahía.

Por último conocímos a Yolanda Esquivel, quien nos platicó que ella no llevaba a sus hijos ni al Bahía ni a Las Américas, sino al Elba, ya más encaminado a la salida a Puebla.

Nos compartió que en esos tiempos, los setenta, no existían recipientes desechables y tampoco era común utilizarlos para guardar la comida, así que en su camino desde el sur al oriente guardaba todo en ollas normales.

Dijo que, a diferencia de hoy, se acostrumbraba más a comer tortas que sandwiches, por lo que era indispensable el bolillo, los condimentos con los que se realizarían las tortas, frutas y spaghetti, todo listo para comerse en frío.

Doña Yolanda, con cierta ternura, nos explicó que para que pudieran llegar al Elba, ella y su familia tenían que tomar un camión del sur hacia San Lázaro y de San Lázaro a Iztapalapa, delegación en la que se encuentra el balneario. “Era como si salieras de la ciudad, porque dejabas de ver construcciones y empezabas a ver todo verde. La cárcel de mujeres era ya las afueras de la capital, ahorita ya está en medio”, dijo.

El balneario Elba, situado en las faldas del Peñón Viejo, 1970. Archivo Fotográfico EL UNIVERSAL.

Sin embargo, ella y su familia dejaron de ir cuando el ambiente del balneario Elba se tornó tenso, ya no les daba confianza visitarlo. En 2005, nuestra compañera Claudia Bolaños explicó en su artículo "Desafía balneario sequía y delincuencia en Iztapalapa", que el balneario Elba había sido abandonado por sus primeros dueños, unos españoles que aprovecharon la condición natural del predio, que tenía un ojo de agua, para erigir el balneario.

Tras década y media de abandono, en 1987 cien ejidatarios de Iztapalapa tomaron las riendas del balneario pero la condición social que impera en dicha demarcación los ha confrontado con personas en situación de calle que quieren vivir dentro de las instalaciones.

Actualmente, son contados los balnearios que tiene la Ciudad de México y son aprovechados en su mayoría por las familias que no pueden darse el lujo de salir de la capital, se convirtieron en un lugar que marca la diferencia de clases y no como en los años setenta, cuando eran para cualquier familia sin importar su procedencia.

Esta nota deja un sentimiento de tristeza, vivimos en una sociedad polarizada donde los sitios públicos donde podríamos convivir sin temernos han ido desapareciendo; pareciera que no dimensionamos lo importante que es conocernos para poder generar recuerdos colectivos gratos y así cuidar la ciudad que todos cohabitamos.

Fotografía antigua: Colección Villasana–Torres, Archivo Fotográfico EL UNIVERSAL.Fuentes: Entrevistas a Jesús Navarro y Yolanda Esquivel."Desafía balneario sequía y delincuencia en Iztapalapa", de Claudia Bolaños en EL UNIVERSAL.Anuncios publicitarios de diversas revistas de los años setenta.

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