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¿El dinero te hace sentir culpable o incómodo? No hay razón

Hace muchos años tuve un amigo muy espiritual. Él iba a la iglesia todos los domingos, ayudaba en el grupo de jóvenes, tocaba la guitarra en el coro, y era voluntario para muchas buenas causas.

Era muy agradable platicar con él, excepto cuando hablábamos de dinero, porque nunca estábamos de acuerdo.

Él creía firmemente que si uno recibe más dinero, otra persona más necesitada va a recibir menos. Donaba la mayor parte de su dinero y despreciaba a los ricos. Decía que el peor mal de la humanidad es la ambición, o “el dios del dinero”.

Como él hay muchos. La autora Shelly Bullard, en este artículo, asegura que existe la creencia de que si eres espiritual, no deberías querer dinero, porque la gente que quiere dinero es ambiciosa y materialista. Para muchos, la espiritualidad y el dinero no se mezclan. Incluso una definición de la palabra “espiritual” en la RAE es: “Dicho de una persona muy sensible y poco interesada en lo material”. Esto hace que muchos se sientan culpables cuando tienen dinero, y que no tengan paz con esa área de su vida.

Yo veía y sigo viendo al dinero como una herramienta neutral. Si el dinero fuera un objeto, digamos que mi amigo lo veía como una pistola y yo lo veía como un martillo. La pistola siempre sirve para matar, pero el martillo sirve para todo lo que tú quieras usarlo. El bien o el mal no están en el martillo, sino en la persona que lo usa. Puedes construir o destruir, es tu elección.

Claro que también importa cómo conseguiste el martillo. Puedes conseguirlo trabajando decentemente o robando, explotando a otros, quebrantando la ley, etc. Si al conseguir tu dinero produces daño, entonces podrías tener razón al sentirte culpable por tenerlo.

Sin embargo, mi amigo creía que incluso si tu dinero proviene de un trabajo honrado, ecológico, sustentable, libre de explotación humana y sufrimiento animal, tenerlo te alejará del bien mientras haya otros que no tienen nada. Yo no estoy de acuerdo: dos pobres no son mejor que uno. Aunque no culpo a mi amigo por sus ideas, porque en la realidad el dinero suele usarse muy torpemente y esto le ha dado mala reputación.

Pero ¡imagínense si la mayoría del dinero del mundo estuviera en las manos de la gente más consciente! ¡Imagínense si se utilizara para mejorar la vida de otros y para cuidar el ambiente! Suena bonito, pero en la práctica, ¿qué usos espirituales se le podría dar al dinero que no sean regalarlo y ya? A continuación te doy cuatro ideas.

1. Ayúdate a ti mismo

En la ya muy sobada metáfora de la mascarilla de oxígeno, hay que recordar que nuestra primera responsabilidad social no es ayudar a otros, sino asegurarnos de no ser una carga para otros. Los seres humanos nacemos totalmente dependientes y requerimos de muchos años para alcanzar una madurez que nos permita valernos por nosotros mismos. Muchos nunca lo logran.

Hacer todo lo que está en nuestro poder por no engrosar nunca las filas de los desposeídos requiere de más que simplemente tener un trabajo y pagar por nuestro sustento: es necesario también ahorrar para el retiro, asegurándonos así de no endilgarle a otros la obligación de mantenernos en la vejez.

También, se requiere un plan para ser autosuficientes en los tiempos difíciles: un fondo para emergencias, seguros, etc. Una vez que cubramos nuestras propias necesidades presentes y futuras, tendremos el gran privilegio de pensar en las de los demás.

2. Consume de manera consciente y frugal

¿Has escuchado la frase “la pobreza sale cara”? Esto se refiere a que con pocos recursos se suele gastar más. Por ejemplo, debes comprar productos de menor calidad que son casi desechables, y volver a comprarlos una y otra vez (lo cual es pésimo para el medio ambiente).

La gente que está contando los centavos suele basar todas sus decisiones en principios económicos, pero con finanzas sanas, puedes basar tus decisiones en otros valores como el cuidado del medio ambiente.

Los productos ecológicos suelen tener materias primas más caras con fabricación artesanal de baja escala y, por ello, ser más costosos, por ejemplo, los jabones con pocas toxinas, el papel reciclado, los jitomates orgánicos, etc.

¿El dinero te hace sentir culpable o incómodo? No hay razón

Sin embargo, a pesar de que el dinero te da la libertad de cuidar el planeta, estadísticamente, las personas con más dinero contaminan más, con sus viajes en avión, casas gigantescas, múltiples automóviles, y consumo desmedido. Pero esto no significa que la riqueza tenga que ser así. Como ejemplo les contaré del millonario Mr. Money Mustache, un hombre que ahorró 66% de su sueldo durante 10 años para poder “retirarse” a los 30 años de edad (aquí nos dice cómo).

Aunque podría comprarse lo que quiera, él conoce muy bien los efectos de la adaptación hedónica y se resiste a caer en su trampa. Todos los días usa su bicicleta, en lugar del auto, y sus viajes y pasatiempos suelen ser locales y de bajo impacto. Usa el dinero para comprar la tranquilidad y el tiempo para hacer lo que quiera, no para volverse adicto a la comodidad. Además, este millonario frugal dona parte de su dinero a proyectos bien estudiados.

Él nos dice que cuando el dinero es una herramienta y no un objetivo final, puedes usarlo para tener tus prioridades en orden en lugar de usarlo para comprar un montón de baratijas que aceleren el calentamiento global. Tú decides.

3. Protege tus valores y cambia el mundo

Nadie que tiene que trabajar 18 horas diarias para poder comer va a cambiar el mundo. Es necesario tener tiempo y recursos para moverse, para exigir, para escribir, para filmar, para pensar, para leer. Si tú quieres mejorar el mundo, lo peor que puedes hacer es volverte enemigo del dinero.

Claro está que las personas con más dinero del mundo suelen ser las menos interesadas en el cambio y las menos indicadas para iniciarlo (como verás aquí). Tú puedes hacer mucho sin ser un millonario (o gracias a que no lo eres), pero primero tienes que quitar el obstáculo del dinero y tener en orden tus finanzas. Hace unos días leía sobre una lucha sindical que parece condenada al fracaso: los empleados no pueden darse el lujo de que les retrasen el pago de la semana ni un día… ¿cómo harán presión para que la empresa les respete los derechos si no pueden hacer paro? Las personas que viven al día son las que menos poder de negociación tienen.

“Antes de cambiar el mundo hay que empezar por uno mismo” o “Tú eres el cambio” son frases muy sobadas. Sí, todos tenemos una responsabilidad de ser buenos ciudadanos, pero nunca se dice que una buena base para esa responsabilidad ciudadana es la responsabilidad financiera.

Pondré como ejemplo las “mordidas”, cuando una persona le da dinero a un policía de tránsito que la ha parado por alguna falta. El año pasado una señora me contó que dio mordida. Ella vive en una casa con piso de tierra y techo de lámina.

La conozco lo suficiente para saber que su precaria situación es debida a múltiples factores: su mala suerte, problemas sociales y también sus malas decisiones que en su momento ella creyó que solamente la afectaban a ella.

Andaba acarreando plantas para vender en una camioneta prestada y la paró un policía porque tenía rotas las luces traseras. Ella le dio los $100 pesos que traía. ¿Tú la culparías? La mujer no se puede dar el lujo de que se lleven la camioneta que ni es suya al corralón con su mercancía porque entonces al día siguiente no come. Si estuviera en su lugar, probablemente haría lo mismo.

Pero no, nunca he dado una mordida por dos razones: una, tengo el valor de la honradez y sé que la corrupción cobra vidas, y dos, porque mi situación económica me permite seguir mis valores. Pero si tuviera que elegir entre comer y no dar mordida, ganaría mi estómago. “Todos somos capaces de cualquier cosa dadas las circunstancias correctas” es una frase muy cierta. Es mejor tener finanzas sanas para reducir la probabilidad de vivir las “circunstancias correctas” que nos orillen a ser corruptos, mentir o robar. Y claro, fortalecer nuestros valores para que estas “circunstancias correctas” sean lo más extremas posibles. Hay gente que da mordida porque le da flojera ir a pagar la multa… sin comentarios.

4. Ayuda a otros

Nadie debe sentirse culpable por tener una situación económica que le evite ser una carga para su familia y la sociedad, y que le permita alinear sus principios y valores con su vida cotidiana y con la forma en que usa su tiempo. Pero ¿qué pasa si llegas a ese punto y todavía tienes un excedente para dar? El dinero puede ser de mucha ayuda, pero no es suficiente deshacerse de él esperando que haga un buen trabajo él solito.

En mi artículo “Las limosnas son un enemigo de tu cartera y de la sociedad”, expliqué que la caridad es un arte que requiere no solamente de recursos, sino de una concienzuda planeación. Los actos altruistas improvisados suelen ser el equivalente a tirar el dinero a la basura.

Pero esto no solamente aplica para desconocidos. Muchísimas personas le hacen flaco favor a sus familiares y amigos dándoles una ayuda de oso, es decir, una ayuda a corto plazo que pierde de vista el bienestar de la persona en el mediano y largo plazo. Definí la ayuda de oso en el artículo que pueden encontrar dando clic aquí.

Nunca olvidaré a una ayudante de cocina que amaba a sus padres y cada fin de semana les compraba ropa. Se gastaba todo su salario en eso, pero el día que su casa se inundó, no tuvo un solo peso para ayudarles. Para dar hay que meterle cerebro al asunto. Se necesita invertir tiempo, esfuerzo e inteligencia para que ese dinero tenga un uso óptimo en el momento adecuado.

Conclusión

El dinero es una herramienta con una energía neutral. Vemos todo el tiempo cómo se usa mal o desperdicia, pero esta mala reputación no es culpa del dinero mismo, sino de nosotros.

Sin embargo, la solución no es alejarnos del dinero, o pensar que el mundo es blanco o negro, material o espiritual. La solución es educarnos en finanzas, desarrollar una filosofía financiera clara y nunca permitir que el dinero pase de esclavo a amo en nuestra vida. Pongámoslo siempre en su lugar como herramienta, junto al martillo y al serrucho. Solamente así nos ayudará a alinear nuestro espíritu, prioridades y valores con la realidad.

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Jbf

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