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Pasión por las dos ruedas - Lanza Digital - Lanza Digital

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La pasión de Ignacio Cañizares por las motos le ha llevado a acumular más de 200 motocicletas y ciclomotores de lo largo del siglo XX.

Una, dos, tres, cuatro, cinco… y así hasta llegar a 200. Ese es el número de motocicletas y ciclomotores que atesora Ignacio Cañizares en una vivienda de su propiedad en la localidad de Valenzuela de Calatrava. Motos o joyas -como a él le gusta llamar- que van desde la década de los 30 -la más antigua- hasta los años 80 -las más modernas-.

Guzzi, Ossa, Bultaco, Iso, Montesa, Ducati, Puch, Sanglas, MV Agusta, Derbi… Son solo algunas de las muchísimas marcas que podemos encontrar en este particular museo que el propio Ignacio Cañizares ha montado en Valenzuela de Calatrava durante los más de 50 años que lleva coleccionando estas auténticas maravillas. Una afición por las motos que nació cuando hizo «la mili» en el Alto Estado Mayor, donde se enamoró de las BMW R27 que por aquel entonces usaba la Guardia Civil. «Cuando acabé la mili y volví para la tierra, montamos una chatarrería y comenzaron a llegar cacharros de estos que yo constantemente guardaba y a lo largo del tiempo la afición fue creciendo y conseguí juntar todo esto», explica este apasionado de las motos clásicas en una entrevista concedida a Lanza.

Una pasión que también surgió cuando su padre le compró su primera moto, una Derbi, la cual no conserva en la actualidad, pero logró hacerse con una que ha restaurado y reproducido al milímetro, dejándola tal y como estaba cuando se la compró su padre.

Desde entonces, han sido más de 200 motos las que han pasado por sus manos. La más antigua que conserva es una de la década de los 30, que perteneció al Ejército Republicano durante la Guerra Civil. «Un proveedor de suministros del Ejército Republicano tuvo el encargo de salir a comprar motocicletas para los enlaces militares que llevaban los periódicos y los correos por los distintos lugares en los que estaban presentes los militares republicanos. Salió por toda Europa y recayó en la fábrica de BSA, en Birmingham, y se trajo 100 motos que prestaron servicio a los republicanos durante la guerra y luego al Ejército tras la guerra hasta que dejaron de ser operativas. Y yo me quedé con una de estas 100 motos que sobreviven hoy en día», explica Cañizares sobre la moto más antigua que posee.

Preguntado por la «más rara», el motero asegura que «no tiene bichos raros» porque «por la zona hubo pocas motos raras» debido a que la economía de hace más de medio siglo no era muy boyante por la provincia. «Tengo algunas extranjeras… como una rusa, pero ha habido poca cosa siempre», reconoce.

Sobre el valor de su colección, Cañizares parafrasea a Saladino en la película ‘El Reino de los Cielos’ cuando Los Cruzados le entregan Jerusalén y le preguntan cuánto vale la ciudad. Pues él dice lo mismo: “¿Cuánto vale mi colección? Nada o todo”.

“Para mí las motos son mi pasión y mi vida. Las restauro, saco alguna de vez en cuando y eso es lo que hago… Vivir con ilusión mi forma de vida que es esta”, destaca.

¿Por qué las motos antiguas y no las motos modernas? A esta pregunta Cañizares responde: “Las motos clásicas tienen una personalidad especial. Están hechas de hierro, vibran y hacen ruido. Las de ahora parecen eléctricas y eso a mí no me gusta. La esencia de la moto es otra y solo se encuentra en las clásicas”.

Mientras pueda, Ignacio Cañizares seguirá coleccionando motos y restaurándolas en su justa medida. Pues 200 motos, más algún que otro coche clásico que también atesora en su vivienda en Miguelturra, no se restaura de un día para otro.