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La Joyería María Isabel de Borja, en ventas prepandemia: "Se ha puesto en valor el comercio de cercanía"

Isabela Aznar es la tercera generación al frente de la Joyería María Isabel, un negocio familiar que la abuela materna, Lucía Franco, fundó en 1969 en la localidad de Borja. A sus 47 años, lleva media vida trabajando de cara al público en la venta de joyas y relojes, un trabajo que para ella es "muy gratificante". "Los clientes siempre vienen por un motivo de alegría, un nacimiento, una boda, un cumpleaños… A muchos los conoces de siempre, sabes de su vida y compartes su ilusión", asegura Isabela, a quien le gusta disfrutar con ellos esos buenos momentos.

Unos momentos que durante los dos primeros meses de la pandemia desaparecieron. La joyería, al no ser establecimiento de primera necesidad, tuvo que cerrar sus puertas, perdiendo una serie de ventas que ya nunca volverían. Pero, pese a esa primera etapa de cierre, el balance que Isabela hace de su negocio en tiempos de covid es positivo. "En el pueblo, aunque todo afecta, vivimos más relajados y el cliente no ha tenido miedo a salir y hacer gasto. Con la pandemia se ha puesto en valor el comercio de cercanía", explica. De hecho, el negocio está ya en cifras de ventas prepandemia. "Aunque no se han vendido joyas para eventos como bodas, porque se han frenado mucho, se ha mantenido el gasto corriente, como los regalos de cumpleaños o de Reyes, un capricho o una renovación de reloj", añade.

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Pese a estos alentadores datos, Isabela no pudo evitar tener que solicitar un ICO porque mientras tenía las puertas de su joyería cerradas, los cobros seguían llegando rigurosamente. "Se notó algo menos de consumo de luz, por ejemplo, pero tuve que pagar proveedores, el alquiler o los sueldos de mis dos empleadas", recuerda.

El equipo de trabajo de la joyería lo forman tres personas. Isabela se encarga de labores administrativas y de atender al público, junto a otra de las empleadas. La tercera está en el taller, donde se fabrican piezas de creación propia. Tienen tres colecciones, con gran éxito de Edenia, Joyas del Vino, que representa la hoja de la parra de la variedad de uva garnacha, característica de la D. O Campo de Borja. Las otras dos son Olea, que está hecha con la forma de las hojas del olivo; y Semis, inspirada en una moneda íbero romana acuñada en la antigua Bursau

La Joyería María Isabel de Borja, en ventas prepandemia:

Dentro de sus marcas propias, también se comercializan pulseras con el nombre de Borja o con la imagen del famoso Ecce Homo, así como medallas de la Virgen de la Peana, patrona de la localidad.

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Además de estas piezas únicas de fabricación propia y ligadas al territorio, en la Joyería María Isabel se pueden encontrar las últimas tendencias, desde piezas pequeñas nada ostentosas como pendientes y pulseras con precios de alrededor de 20 euros, hasta joyas con diamantes que alcanzan los 3.000. Debido a esta amplia gama de productos, el público que entra cada día a este establecimiento borjano es muy variado. "Tenemos desde chicas jóvenes hasta mujeres mayores o señores que vienen a cambiarse de reloj, y también algunos turistas", explica Isabela.

Junto con la venta, se hacen reparaciones tanto de joyería como de relojería y las joyas pueden ser también por encargo. "Como tenemos el taller aquí mismo, hacemos piezas personalizadas. A veces incluso nos nutrimos de las ideas con las que el cliente viene para que le hagamos un diseño concreto", explica Isabela.

"Intentamos formarnos en campos como el márquetin, el comercio electrónico o en escaparatismo"

Estas piezas salen de su taller tras un proceso de elaboración manual. Las joyas del vino son o bien en tamaño pequeño, para pendientes, o grande, para colgantes. Son en plata y llevan casi siempre amatistas, por el color morado típico de la uva, aunque algunas van con cuarzo rojo o citrino verde, para conseguir esas otras tonalidades. "Primero se dibuja la forma de la hoja, luego se fabrica el molde, después se funden las piezas y finalmente se hace la composición", explica Isabela, quien lleva la tradición joyera en la sangre. Primero fue su abuela Lucía, ya desaparecida, después su madre Isabel y, al tiempo, su padre, Pedro José, como relojero, y su tío Fernando, como joyero artesano.

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Hoy los tres están ya jubilados y es Isabela quien continúa con el negocio familiar. Un negocio que en estos más de 50 años de vida ha evolucionado y se adaptado a las nuevas tendencias, tanto del mundo de las joyas como de las ventas. "Intentamos formarnos en campos como el márquetin, el comercio electrónico o en escaparatismo", asegura.

Así, no solo quienes pasen por el número 20 de la calle Joaquín Costa de Borja pueden comprar los productos de la Joyería María Isabel. Sus piezas también están a la venta 'online'.

"Estar en todos los momentos felices de nuestros clientes hace que este sea un negocio agradecido"

Quienes prefieran comprar en tienda física, la joyería está abierta de lunes a viernes en horario comercial de mañana y tarde, así como los sábados por la mañana. Tras el mostrador, Isabela atiende al público con su mejor sonrisa, la que refleja que le gusta su trabajo. "Estar en todos los momentos felices de nuestros clientes hace que este sea un negocio agradecido", asegura. Lleva toda la vida de cara al público y, aunque para muchos es algo que podría llegar a desgastar, ella reconoce que le apasiona. "El cliente es de trato fácil, lo que también ayuda", confiesa.

La tienda atraviesa ahora la resaca de unas navidades ajetreadas. Es uno de los momentos del año de más ventas, aunque en general el trajín en esta joyería de Borja se mantiene estable todos los meses. Las bodas y otros grandes eventos ya no son tan estacionales y para los caprichos y autorregalos cualquier momento es bueno.

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