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Hotel Chiqui, habitación con vistas a la playa del Sardinero de Santander

DORMIRCRÍTICAi

Un clásico en la capital cántabra con 161 estancias y piscina de horizonte infinito reformado por Sandra Tarruella

Fernando Gallardo
Puntuación: 7,5
Arquitectura4
Decoración8
Mantenimiento9
Confortabilidad7
Aseos8
Ambiente7
Desayuno6
Atención9
Tranquilidad7
Instalaciones8

Es ya un clásico en Santander. Y, tras las últimas reformas, le queda un tiempo más para seguir aventajando al resto de los hoteles santanderinos en clasicismo y contemporaneidad. Su ubicación al final de la segunda playa del Sardinero le otorga unas vistas privilegiadas al arenal, a la isla de Mouro y al palacio de la Magdalena, otro santo y seña indiscutible de la tradición ecléctica regionalista de la ciudad.

Parafraseando al poeta José Hierro, ¡comenzar a vivir de nuevo! Es lo que le tocaba con los años al hotel Chiqui, propiedad de la familia Sebrango, que posee también el bonito Dear de la Gran Vía madrileña, con la participación estilística de la reputada Sandra Tarruella, capaz de responsabilizarse, si la dejan, de todas las áreas del desarrollo visual y funcional de sus proyectos decorativos: el paisajismo, la arquitectura interior, el diseño gráfico, la marca, el merchandising… Aquí solamente ha remodelado las siete habitaciones de la planta baja, que no lucen mucho porque dan al garaje, pero anticipan el rigor estético que seguirá el resto de las instalaciones en cuanto las despoje de su aburrido manierismo de los años sesenta y setenta. Otro logro de Tarruella es el diseño del patio interior, por el cual se sube hasta la terraza con piscina, la única de horizonte infinito que hay en la ciudad cántabra. La única también que desborda agua por sus cuatro costados, lo que le confiere una sensación irreal de evanescencia marina, con dos tumbonas que flotan sobre el agua.

Hotel Chiqui, habitación con vistas a la playa del Sardinero de Santander

A la hora de dormir sigue siendo preferible subirse a las plantas superiores, donde los balcones ofrecen una panorámica inigualable de la bahía. Especialmente en las habitaciones esquineras, ya que cuentan con una doble balconada. Algunos desperfectos se irán subsanando según avance la reforma por niveles. Pero ya nos las imaginamos todas con ese toque desenfadado de las primeras, el mobiliario a medida, los suelos y paredes en tonos piedra y los cabeceros de esparto que tanto recuerdan a aquellos parasoles utilizados por los bañistas de principios del siglo XX.

Llueva o escampe, día y noche, en invierno o en verano, las atenciones de su equipo de profesionales desvían enseguida hacia el interior los remilgos arquitectónicos que nos produce desde lejos la fachada. Hay vida bajo el cielo estrellado de Santander.

Hotel Chiqui

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