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A los pies de la Peregrina, en Pontevedra, desde hace 160 años

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PONTEVEDRA CIUDAD

Monchi Suárez, una de las propietarias de la Joyería Herederos de Suárez de Pontevedra CAPOTILLO

La Joyería Herederos de Suárez abrió sus puertas en 1856 en un local en el centro de Pontevedra. Hoy en día, después de tantos años de actividad, continúa su legado de la mano de Monchi y Valentín, sus dueños

18 jun 2021 . Actualizado a las 20:03 h.WhatsappMailFacebookTwitterComentar ·

La juventud de Monchi estuvo marcada por el recuerdo de ver a su padre trabajando en la joyería familiar. Ayudando desde muy pequeña en Navidades y en ocasiones especiales, más adelante, quiso probar suerte y seguir con este negocio. Le fue bien, y, tras cinco generaciones y siendo el negocio de joyas más longevo de Pontevedra, hoy, lleva su apellido: Joyería Herederos de Suárez.

Un recorrido por los antecesores de Monchi hará que todo sea más fácil de entender: todo empezó con Manuel Suárez Piñeiro, hace aproximadamente 160 años. Desde ese momento, cuatro generaciones más se han hecho eco de este legado y han continuado trabajando para que no se pierda esta clásica joyería del centro de Pontevedra. Pero no siempre estuvo ubicada ahí; sus comienzos fueron en la Calle Michelena, con una pequeña joyería que, pasado el tiempo, se convirtió en un negocio de artículos de regalo donde se podía encontrar cristalería, vajilla, joyas… Unos años más adelante, y apenas unos cuantos metros de diferencia, se trasladaron a la Calle Oliva, y es ahora, después de tres generaciones, más o menos 53 años, que guardan sus recuerdos más valiosos a los pies de la Virgen Peregrina, en el propio centro.

Debido al fallecimiento de Manuel, la joyería pasó a manos de Valentín, su hijo, o, como muchos lo conocían en Pontevedra, Prin de las ratas, un mote cariñoso del que, a día de hoy, solo se acordarán los que sumen muchos años. El legado continuó, y la herencia pasó a manos de los hermanos Emilio y Eladio. El negocio se encontraba en pleno auge, y ambos proyectaron la imagen más destacada del establecimiento. Iba sobre ruedas y ya era muy conocido en la ciudad. La cuarta generación de la familia Suárez, hace que Monchi se interese por este negocio. Su padre, Emilio, continuó con el legado junto a su hermano, Valentín. Años más tarde, el hijo de este último, Valentín, se unió para seguir los pasos de su padre y de su tío. Monchi continúa como su familia y hoy en día, capitanea el negocio junto a su primo, Valentín Suárez, que ambos forman la quinta generación de joyeros.

A los pies de la Peregrina, en Pontevedra, desde hace 160 años

Monchi, empezó a trabajar en la joyería cuando solo tenía 20 años. El fin de sus estudios y la curiosidad por aprender hicieron que se adentrase cada vez más en este mundo. «Empecé porque me gustaba y estaba mi padre al mando, yo era una empleada, como otra cualquiera», recuerda, pero, después de siete años, su padre fallece, dejando el negocio en manos de Monchi, su hija, y de su primo Valentín.

«Fue cuando tuve que ponerme al cargo de esto con Valentín, que ya había trabajado con mi padre. Fue un empezar duro, cuando falleció mi padre yo era muy joven», cuenta Monchi, y es que los comienzos en todo negocio, son complicados, y más en uno como este. El trabajo es bastante y muy sacrificado, «son muchas cosas a las que atender, cosas a las que no estas acostumbrada, que en un principio te vienen de repente. Después las vas asumiendo un poco más». Y es que el duro golpe de la falta de un padre hizo que Monchi se pusiera manos a la obra. A Monchi, como a otras muchas otras personas, le llamo la atención la dedicación de su padre por esta pasión, que hoy la hace suya. «Lo estas viendo toda la vida, alguien tiene que seguir el negocio, el mundo de la joyería es un mundo precioso», cuenta Monchi.

Día tras día, se asoman rostros de personas ya conocidas que hacen de la joyería un punto de encuentro muy distinguido en la ciudad de Pontevedra. «La gente viene a la joyería, te cuenta su vida, sus problemas, tenemos a clientes que vienen desde hace muchos años, a veces, simplemente, vienen para hablar». Y esa es la parte bonita de este negocio, conocido por cualquier pontevedrés, que desde 1856 tiene sus puertas abiertas.

En el 2017, los ahora dueños y herederos de la joyería, empezaron un proyecto muy particular: «Joyas con historia». Se trata de plasmar las imágenes más conocidas de Pontevedra en pulseras, cadenas o collares. Ya lo hicieron con el rosetón de la iglesia de San Francisco -que fue un éxito-, ahora, continúan con esta iniciativa, ya que la gente de Pontevedra es muy arraigada a la ciudad.

Y es que, a los pies de la mismísima Virgen de La Peregrina, se encuentra este negocio con historia, que fue viendo la luz pasando de abuelos a padres y de padres a hijos y, que a día de hoy, continúa con sus puertas abiertas, como si del primer día se tratase.



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