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Ahora sí, adiós a la 'rubia': La peseta deja de ser dinero y se convierte en recuerdo

«Mira, las monedas de cuando mamá era pequeña», explica una joven a un niño de unos 10 años que mira con perplejidad un puñado de duros y pesetas extendido sobre el mostrador. Para él son piezas de metal sin valor, aunque sus padres, a su edad, seguro que se hubiesen lanzado, por lo menos, sobre la de 25 pesetas, tope de la cuerda de miles de peonzas. Pero para los españoles, volver a pagar con ‘rubias’ es abrir un baúl de recuerdos. Bien lo sabe Fernando Losada, dueño de la papelería madrileña que lleva su apellido, uno de los poquísimos comercios que esta semana todavía permitía a sus clientes comprar con la última moneda española, en curso legal desde octubre de 1868 hasta febrero de 2002. De hecho, señala, en la última semana ha vendido más en pesetas que en euros.

«Empezamos con esta iniciativa en 2007, y lo que era una campaña de dos meses se ha alargado hasta hoy. Mucha gente te llama para preguntar porque tiene ganas de contarte la historia del dinero que tienen. O peor, no lo puedes cambiar porque es muy antiguo y se piensan que les estás engañando. Un hombre me llamó porque leyó que pagábamos 74 euros por cada peseta», cuenta a ABC Losada, que el pasado viernes desterró definitivamente la peseta de la tienda que fundó su padre, José, en 1965. Una despedida in extremis, pues el Banco de España dejará de cambiar la moneda este 30 de junio. Según los últimos datos del organismo, a finales de mayo quedaban por canjear 1.585 millones de euros (785 millones en calderilla y 800 en billetes), un 3,2% del dinero que estaba en circulación cuando llegó el euro.

«Viene sobre todo mucha gente mayor que ha encontrado pesetas en un bolsillo, un bote o un libro. No suelen ser grandes cantidades, es raro que vengan con un billete de 5.000, por ejemplo». Es justamente lo que le ha ocurrido a Pilar, quien encontró un montón de ‘chatarra’ por casa y, por no quedarse con ella, decidió ir a buscar unos regalos para sus nietos. «Estas monedas las tenía guardadas desde hace años no sé para qué, así que a ver cuáles valen todavía y qué puedo comprar», dice. «Esta no la cambio, que es de la Virgen de África y dicen que da suerte», añade mientras Fernando, calculadora en mano, analiza cada pieza. Pilar no tiene más de ocho euros, pero se lleva un par de libros para colorear.

Teresa también se ha animado a gastarse unas pesetas, herencia de su padre, en la papelería del barrio, forrada hasta el techo de estanterías llenas de libros, cuadernos y lápices. «He encontrado hasta dinero de la República. Apenas tenía once euros, pero he comprado un libro. Así sigo teniendo un recuerdo de mi padre y ayudo a las tiendas del barrio, que yo he sido muchos años autónoma y sé lo que supone», puntualiza. No se entretiene demasiado, porque en la ‘papelería de las pesetas’ va creciendo poco a poco la cola de clientes.

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